Según su propia definición es una Factoria de Tapas Sevillana situada a principios de la Avenida Felipe II. Están asociados con el Pura Tasca y La Bulla.
La decoración es agradable y acogedora, y tienen una terraza protegida del viento y la lluvia.
Realmente lo que más me gustó fue el servicio, muy atento y amable, y la rapidez de la cocina. A pesar de que el local estaba lleno a rebosar los platos salían a gran velocidad y bien terminados.
Tuve la mala suerte de que el día que fui no había muchos de los platos que vi en su web, o se les habían acabado o los habían cambiado. Realmente ese día no había mucho donde elegir. Para compartir pedimos verduras en tempura (las más buenas que he probado nunca) y foie serie oro que me sorprendió; no sólo por estuviera bueno sino por la presentación, parecía un lingote de oro. Lo único que no me entusiasmó eran las mermeladas que lo acompañaban porque estaban muy dulces y mataban su sabor, así que particularmente preferí no combinarlas.
De tapas pedimos el flamenquin cremoso de pez espada y boletus (que me decepcionó porque, aunque estaba bueno, me pareció una croqueta gigante de pescado), el arroz meloso de setas sin magret y la única carne que les quedaba en pizarra.
Estaba deseando llegar al postre porque había visto en la web que el postre premium consistía en un brownie de chocolate y cacahuete con trufa y a mi el chocolate me encanta, pero lo habían cambiado y ya no era de chocolate. Aún así estaba bastante bien. Al final pedimos uno de esos vasitos que tanto se llevan ahora y que a mi particularmente no me llaman la atención. Pero qué sorpresa me lleve cuando lo probé. Estaba buenísimo. Era de mango y chocolate blanco. ¡Acabo de congeniarme con los dichosos vasitos!
Espero volver un día que tengan todo lo de la carta y probar el resto de los vasitos.

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